Retrato

Como siempre suelo decir, lo que más gusta es trabajar con personas. A lo largo de los años, he tenido la suerte de colaborar con modelos y actores, creando retratos que no solo cuentan algo sobre ellos, sino también sobre mí y sobre mi manera de entender la fotografía. Cada persona es diferente y eso hace que cada sesión sea también una pequeña búsqueda, una oportunidad para descubrir qué hay detrás de quien tengo delante de la cámara.

 

Me apasiona especialmente el ambiente artístico que se crea en el estudio. Hay algo en ese espacio, en el proceso de preparar una sesión, trabajar con la luz, buscar una determinada expresión o construir una atmósfera, que conecta directamente con mi formación en arte y pintura. Supongo que, de alguna manera, sigo explorando muchas de las cosas que me interesaban entonces, pero utilizando la fotografía como herramienta de expresión.

Me interesa que el retrato vaya un poco más allá de mostrar simplemente a una persona. Busco encontrar una mirada, una actitud, una forma de estar frente a la cámara que resulte natural y que, al mismo tiempo, tenga algo de especial. El color, las sombras, la luz y la dirección forman parte de ese proceso y me ayudan a construir imágenes con una cierta personalidad y un aire más pictórico.

Disfruto mucho de esa mezcla entre lo técnico y lo intuitivo. De planificar una imagen y, al mismo tiempo, dejar espacio para que durante la sesión aparezcan cosas que no estaban previstas. Porque muchas veces es precisamente en esos momentos cuando surge el retrato que realmente merece la pena.

 

Al final, cada sesión es diferente y cada persona aporta algo nuevo. Y quizá esa sea una de las cosas que más me siguen atrayendo de la fotografía después de tantos años: la posibilidad de conocer personas, observarlas y tratar de plasmar, a través de una imagen, una pequeña parte de quiénes son.